Explicación sobre el recorrido del dinero del Domund y la necesidad de una administración central
Muchas veces se nos vende la idea de dos "iglesias". La primera es la “iglesia de los obispados” o "iglesia del primer mundo". Se nos muestra antigua y anquilosada, llena de burocracia. Oscura y que no para de pedir dinero. La otra es “la de los misioneros” o "la iglesia del tercer mundo". Una iglesia alegre y que se da por los demás, una iglesia que ayuda y defiende al más necesitado. La propuesta de mostrar dos tipos de iglesias en contraposición es falsa.
¿Cómo podrían subsistir los misioneros sin una administración por detrás? ¿Cómo podrían permanecer en misión sin el apoyo de una Iglesia diocesana que destina sus fondos a su sostenimiento? ¿Cómo podrían hacer su labor sin el dinero que la Iglesia “de los obispados” pide a sus fieles?
Con motivo de la Campaña del Domund que tiene lugar este domingo, se ha celebrado un seminario sobre “El Domund, al descubierto” en el que se explicó cómo llega y cómo se usa el dinero que llega a través de OMP.
El obispo del Vicariato de Puerto Ayacucho, José Ángel Divasson ha sido el encargado de mostrar la realidad de la aparente segunda iglesia "la de los misioneros" y cómo hace “milagros” con los pocos recursos con los que cuenta. Junto a él, dos representantes de la que se nos vende como “la iglesia de los obispados", dos administradores del dinero del Domund en España. Su labor no es excluyente sino complementaria.
Un Vicariato no se sostiene sin el subsidio de la Santa Sede
José Ángel Divasson arrojó luz sobre como los misioneros pueden permanecer en su zona gracias a la ayuda de la Santa Sede. En su Vicariato los catequistas no pueden siquiera pagar la gasolina y el mayor problema son los desplazamientos a través del río. Recibir el dinero, los 70.000 dólares que le envía la Santa Sede es el primer paso, pero luego viene una buena gestión de los recursos. Muchos son los problemas que se encuentra, desde organizativos: la ausencia de una entidad bancaria en Puerto Ayacucho o de mentalidad: “la lucha contra el "asistencialismo" que ha prevalecido en la mentalidad indígena (la mitad de la población), y de la que se empieza a salir poco a poco”.
Monseñor Divasson quiso ofrecer su testimonio para mostrar que “somos conscientes del esfuerzo de mucha gente que ha dado su ayuda".
Austeridad, cuidado y seguimiento del dinero
Esa gente, que algunos consideran como Iglesia rica es la que ofrece su ayuda; es la iglesia “burocrática” o “administrativa”, la que trabaja para recoger el dinero a través de las 70 delegaciones diocesanas y que tiene como afán la austeridad y el cuidado hacia los donantes.
¿Qué recorrido hace el dinero hasta que llega a los misioneros? Lo explicaron ayer Josefa Ledo, de la administración de las OMP en Orense; e Isabel Santiago, de la administración de la Dirección Nacional de OMP.
"Es un dinero que huele a la humedad de las sacristías de los pueblos gallegos, que es como el olor a incienso", explica la administradora de Orense, que también destaca las aportaciones de los colegios o las domiciliaciones periódicas de particulares.
Su trabajo es el agradecer a los donantes, cuidar el trato personal, confeccionar un recibo y crear un escrupuloso plan de contabilidad que llegará a la Dirección Nacional. Allí es, donde, explicó Isabel Santiago se aúnan las contabilidades se da cuenta del impuesto de sociedades y se hace el envío del dinero al Fondo Universal de Solidaridad de Roma. Se trata de “rentabilizar al máximo el dinero de los misioneros", sin asumir riesgos y garantizando el capital, explican desde la dirección nacional.
Ya en Roma el dinero se divide hacia los proyectos de todo el mundo: un 35% se destinará al mantenimiento ordinario de las diócesis, un 55 % a proyectos extraordinarios como puede ser la reconstrucción de una capilla o un seminario, y un 10 % se reserva para emergencias casi siempre vinculadas a desastres naturales como emergencias o inundaciones.
El dinero no va a los misioneros directamente, sino que por motivos de seguridad son las Nunciaturas las que lo hacen llegar a los obispos de los territorios de misión, quien a su vez, lo entrega a los misioneros. Es muy importante el seguimiento de cada euro destinado a las misiones.
Fernando Giménez Barriocanal, vicesecretario de Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Española concluyó la mesa redonda con una frase que resume la unidad entre esas dos “Iglesias” que algunos quieren representar:"en la Iglesia es más gratificante hablar de nuestro papel que del dinero, pero gracias al dinero podemos hacer algunas cosas y sin dinero hay algunas cosas que no podemos hacer".