Experimentar que no merecemos lo recibido ensancha el corazón
Dios ha derramado su amor en nuestra vida. Creo que tenemos que ser más agradecidos, capaces de ver cómo Dios nos lleva en sus manos. ¡Cuántas veces nos quejamos y eso nos entristece! Deseamos otras cosas que no tenemos. El agradecimiento es una de las mayores fuentes de alegría en nuestra vida.
A veces gana la queja, nos sentimos víctimas y nuestro corazón se estrecha. Nos sentimos defraudados con la vida. Teníamos expectativas, sueños. Los "yo pensé que, yo creía que, yo esperaba que" nos envenenan el alma. Teníamos planes distintos. Esperábamos que la vida nos iba a dar más alegrías. Soñábamos, confiábamos, esperábamos.
Nos hemos acostumbrado al misterio de nuestra vida, y hemos perdido el asombro. No tenemos la capacidad de sorprendernos siempre de nuevo de ese amor tierno y personal de Dios.
Dios nos bendice en lo que somos. Se alegra con tantas cosas que nos ha regalado. Talentos, personas que nos aman, nuestra familia. Pronuncia su bendición sobre nosotros. Dice siempre bien de nosotros. Nos mira con inmensa alegría. Llena con su bendición los rincones más escondidos de nuestro corazón. Somos pobres y débiles. La bendición nos llena.
Queremos ser agradecidos por tantos dones que Dios ha puesto en nuestra tierra. Tener una mirada pura que sepa verlo caminando a nuestro lado.
Muchas veces experimentamos que lo recibido no lo merecemos. La gratuidad de Dios nos tiene que hacer ser agradecidos y alegres. Agradecer ensancha el corazón y pone a Dios en el centro.
Todo lo hemos recibido por amor, todo se lo ofrecemos por amor, y Él hará el milagro increíble de tomar lo que somos y transformarlo en Cristo. También lo que no nos gusta tanto de nosotros. Eso nos llena de alegría. Somos bendecidos.
Agradecidos, experimentamos la misericordia de Dios que se conmueve ante nuestra pobreza. Y le ofrecemos esos mismos dones que recibimos gratis. Para que Él los use según quiera. Confío. Como ese muchacho que tenía sólo cinco panes y dos peces.
¿Qué quiero agradecer hoy de forma especial? ¿Cuál ha sido el último regalo de Dios? Agradecer nos hace pobres porque sabemos que nada nos pertenece. Nos hace alegres, capaces de ver la belleza misteriosa oculta tras lo gris. Nos hace libres, porque confiamos en que Dios seguirá cuidándonos y acompañándonos siempre. Nunca nos ha dejado solos. Nunca nos abandonará. Queremos agradecer por nuestra vida, por el amor de Dios en el alma.