“Algunos políticos mexicanos están verdaderamente acostumbrados a la cultura del descarte”Entrevistamos a Rodrigo Guerra doctor en filosofía por la Academia Internacional de Filosofía en el Principado de Liechtenstein; miembro del Consejo Pontificio Justicia y Paz del Vaticano y Profesor-investigador del Centro de Investigación Social Avanzada.
– ¿Qué impresión le deja el encuentro del Papa Francisco con el Presidente de México Enrique Peña Nieto?
Desde la llegada al aeropuerto de la Ciudad de México el día 12 de febrero, Francisco, me parece, tiene sentimientos encontrados. Busca ser cordial y agradecido. Y simultáneamente no se siente en su ambiente al estar rodeado de una frívola parafernalia organizada por la Presidencia de la República.
Al arribar al zócalo capitalino Francisco percibe que la presencia de los capitalinos es más bien regular debido a las medidas restrictivas implementadas por el aparato de seguridad y orden del Gobierno de la Ciudad y por el equipo de seguridad federal. Finalmente, dirige un importante mensaje frente al Presidente, los gobernadores y miembros del Poder legislativo: se suscitan muchos aplausos que abruman al Papa.
Sin embargo, tengo la impresión que logra captar que existe una gran superficialidad en algunos de sus principales interlocutores durante ese evento.
– ¿Por qué pasa esto en la clase política mexicana?
Tengo la impresión que una deficiente formación humana les impide a algunos tener las categorías elementales para entender y acoger la palabra del Papa. Algunos políticos están verdaderamente acostumbrados a la cultura del descarte, a una vida en la epidermis de lo real, al disfrute profundo fracturado del significado que podría orientarlos en la vida y en el ejercicio del poder.
– ¿Cuál es el mensaje central del discurso del Papa ante los políticos?
Que México necesita una “política auténticamente humana”. Esto no quiere decir un cierto ajuste cosmético de las ideas o de las decisiones. Esto significa que las necesarias medidas de corrección estructural – en materia de leyes o de políticas públicas – tienen que estar acompañadas de una transformación humana que les de sustento.
Cuando se hace política “hacia fuera”, volcados en el activismo, la estrategia y la eficacia… y se descuida la propia transformación interior, todo se vuelve una gran farsa que termina haciendo del entramado institucional una caricatura sumamente frágil. La solidez exterior no se improvisa, se cultiva en la vida privada.
– ¿Francisco también hablo fuerte a los obispos mexicanos en la Catedral de la Ciudad de México?
El Papa busca reformar. Francisco les ha regalado a los obispos mexicanos una exigente agenda. No solo de temas más o menos proféticos: migrantes, pobres, etc. Sino principalmente les ha hecho un llamado a la conversión radical, a dejar cualquier hábito que los instale en la mundanidad o al interior de la lógica del poder. Los ha invitado a vivir en comunión y a hacer del perdón un método.
El Papa mostró su preocupación por las cosas que se hacen debajo de la mesa e invitó a los obispos a hablarse como hombres, como hombres de Dios y a no caer en los juegos de fuerza de unos contra otros.
Cuando los cristianos nos sumergimos en los valores de la vida burguesa (el éxito, la belleza física, la posición económica, etc.) perdemos nuestra identidad y fácilmente nos conflictuamos irremediablemente. La reconciliación sólo es posible cuando la gracia de Dios acompaña la buena voluntad y reconocemos en el otro un camino para aprender.
– ¿Qué sentido tiene su visita a la Basílica de Guadalupe?
Francisco entiende la dimensión espiritual y fundacional del acontecimiento guadalupano. Su lectura de este hecho permite que María de Guadalupe no solo sea reconocida como una compañía materna en algunos asuntos de vida espiritual sino como raíz de la síntesis viviente que constituye nuestra identidad nacional.
México no puede ser interpretado social, cultural, económica o políticamente al margen del abrazo maternal de María que permitió la reconciliación social, el mestizaje étnico y con ello, las condiciones originarias para el desarrollo de las familias y de los pueblos.
– ¿Qué papel tiene Juan Diego en la mente del Papa Francisco?
Juan Diego se sabe pobre, marginal, incapaz. Sin embargo, es elegido por María y con ello emerge un nuevo horizonte en su vida: una bandera de amor, de justicia y de equidad. En cierta forma, todos estamos representados en él.
Todos en la medida en que nos descubrimos frágiles y débiles participamos misteriosamente de Juan Diego. Y con él, podemos también descubrirnos sostenidos por Otro que nos permite edificar un nuevo Templo, una nueva sociedad en la que en todo lugar se reconozca a Jesús como Señor de la historia.