“Los cuentos se escriben para que los niños se duerman y los adultos se despierten” (Hanz Christian Andersen)Todos, en algún momento de la vida, hemos tenido a nuestro lado a una persona que nos ha iluminado. Es ese tipo de persona que te ayuda a redescubrirte, es aquella que te alienta a ir por más, a enfrentar tus miedos, a ser mejor; una persona que simplemente te desafía.
Para muchos de nosotros, esta persona puede ser alguno de nuestros familiares o un amigo de esos de oro. En el video que nos trae IMO Barcelona, esta persona es Imelda.
Esta es una publicidad para un instituto oftalmológico, pero la historia nos trae varios elementos apostólicos de los que queremos hablarles:
1. La vida continúa a pesar de las adversidades
2. Empatía y compasión por los demás: ¿somos indiferentes?
Desde el miedo del niño a punto de ser operado, pasando por el miedo de ser interceptado en cualquier momento por un soldado, hasta el simple miedo a la oscuridad. Todos tenemos distintos miedos. Todos tenemos debilidades y falencias.
La mayoría de nosotros nos sabemos de memoria que Jesús nos dejó un nuevo mandamiento: “Ámense unos a otros como yo los he amado. Así reconocerán todos que son mis discípulos: si se tienen amor unos a otros” (Jn 13, 34-35). Sin embargo, son tan pocos los que honestamente intentan plasmar estas palabras en su vida diaria…
3. Confianza y valentía
Podemos decir que el mérito del hermano menor en la historia es haber confiado en Imelda y haber sido lo suficientemente valiente para salir de la comodidad de su cama e ir a enfrentar sus miedos.
El mérito de Imelda, sin embargo, es haberse ganado la confianza de su hermano día tras día, en un trabajo casi de hormiga. Un trabajo que no se detuvo allí sino que, en su amor fraterno, identificó que algo mortificaba a su hermano y buscó lo necesario para ayudarlo.
Es aquí que quisiera detenerme y preguntar: ¿somos Imelda en la vida de alguien? ¿De qué vale decir que somos seguidores de nuestro Señor si no llevamos su luz a la vida de otras personas?
Quisiera terminar compartiendo el llamado que hizo el papa Francisco en su homilía en Armenia, describiendo el tipo de cristianos que el mundo necesita hoy:
“Dios habita en el corazón del que ama; Dios habita donde se ama, especialmente donde se atiende, con fuerza y compasión, a los débiles y a los pobres. Hay mucha necesidad de esto: se necesitan cristianos que no se dejen abatir por el cansancio y no se desanimen ante la adversidad, sino que estén disponibles y abiertos, dispuestos a servir; se necesitan hombres de buena voluntad, que con hechos y no sólo con palabras ayuden a los hermanos y hermanas en dificultad”.
Fragmento de un artículo publicado originalmente por Catholic Link