Muchas personas consagradas han sido perseguidas por denunciar actitudes de mundanidad: el espíritu malo prefiere una Iglesia sin riesgos y tibia. Lo afirma el papa Francisco en la homilía del 23 de mayo de 2017 en la Casa Santa Marta.
Y aprovecha para recordar a monseñor Romero, asesinado por los escuadrones de la muerte ligados al régimen militar, por haber denunciado la violencia contra los pobres.
Hay que pasar de un estilo de vida tibio al anuncio gozoso de Jesús.
El Papa habla del paso de Pablo y Sila en Filipos. Una esclava que practicaba la adivinación empieza a seguirles, y gritaba, señalándoles como "siervos de Dios".
Era una alabanza, pero Pablo, sabiendo que esta mujer estaba poseída por un espíritu malo, un día, harto, expulsó al espíritu.
Pablo -nota el papa Francisco- comprendió que "ese no era el camino de la conversión de esa ciudad, porque todo seguía tranquilo”.
No era la Iglesia de Cristo. Todos aceptaban la doctrina, pero no había conversiones.
Muchos perseguidos por decir la verdad
Esto se repite en la historia de la salvación: cuando el pueblo de Dios estaba tranquilo, no se arriesgaba o servía -no “digo a los ídolos”- sino “la mundanidad”, explica Francisco.
Entonces el Señor mandaba a los profetas que eran perseguidos “porque incomodaban”, como lo fue Pablo.
Comprendió el engaño y expulsó a este espíritu que, aun diciendo la verdad -o sea, que él y Sila eran hombres de Dios-, era sin embargo un “espíritu de tibieza, que volvía a la Iglesia tibia”.
“En la Iglesia - afirma - cuando alguien denuncia tantas formas de mundanidad, es mirado con malos ojos, esto no va bien, mejor que se vaya lejos”.
El mal espíritu entra siempre por los bolsillos
En el capítulo 16 de los Hechos se narra, además, que los amos de la esclava se enfadaron: habían perdido la esperanza de ganar dinero porque la esclava ya no podía adivinar.
El Papa subraya, de hecho, que “el mal espíritu entra siempre por los bolsillos”. “Cuando la Iglesia es tibia, tranquila, toda organizada, no hay problemas, miren dónde están los negocios”, dice Francisco.
Pasar del estilo de vida tibio al anuncio gozoso de Jesús
Pero además del “dinero” hay otra palabra en la que el Papa se detiene en su homilía, y es "alegría".
Pablo y Sila son llevados por los amos de la esclava ante los magistrados, que ordenan darles bastonazos y echarles a prisión.
El carcelero les echa a la parte más interna de la cárcel, se cuenta en la parte del capítulo 16. Pablo y Sila cantaban.
Hacia medianoche hubo una fuerte sacudida de terremoto y se abrieron todas las puertas de la cárcel.
El carcelero estaba a punto de quitarse la vida, porque le matarían si los prisioneros se escapaban, pero Pablo le exhorta a no hacerse daño porque –dijo– “estamos todos aquí”.
Entonces el carcelero pide explicaciones y se convierte. Les lava las heridas, se hace bautizar y –cuenta la Primera Lectura- “se llenó de alegría”.
Este es el milagro que hace el Espíritu Santo. El Papa exhorta por tanto a leer el capítulo 16 de los Hechos de los Apóstoles para ver cómo el Señor "con sus mártires" hace avanzar a la Iglesia.