Las protestas también incluyen diversas carencias como falta de alimentos, medicamentos y gasEl Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS), que lleva el pulso a la crispación ciudadana en el país, contabilizó 6.729 manifestaciones entre los meses de abril y julio 2017 en todo el territorio nacional, lo que significa 56 protestas diarias y muestra un aumento de 157% con respecto al mismo lapso el año pasado. Ocurre indistintamente en zonas urbanas y rurales.
El incremento no solo tiene que ver con el rechazo a la convocatoria y elección de una Asamblea Constituyente por parte de Maduro, sino que incluye protestas por carencias de distinto orden. En Venezuela no hay gas, con lo que cocinan vastos sectores populares. Persiste la extrema escasez de productos alimenticios y farmacéuticos. No hay repuestos para maquinarias y automóviles. La inseguridad campea y las vías públicas son cada vez más intransitables. Todo esto se une para que la población manifieste diariamente en distintos puntos del país contra el estado de cosas imperante en Venezuela.
La fuerza pública reprime por igual las protestas, sin importar sus motivos. Tan “terrorista” es un disidente que forma parte de la resistencia como un humilde campesino que exige gas para cocinar. Es común ver moradores de zonas pobres preparando sus alimentos con leños encendidos, lo que permite observar, de primera mano, como el socialismo del siglo XXI lleva a retroceder al siglo XIX.
Otro dato del informe del OVCS indica que solo durante las horas de la jornada electoral para la Asamblea Constituyente, que estuvo caracterizada por el rechazo de amplios sectores del país, se registraron 16 asesinatos de manifestantes y 22 protestas en el país.
La situación de inestabilidad política y resquebrajamiento de la gobernabilidad avanza y el gobierno la estimula con hechos como el desalojo de los legítimos diputados del recinto parlamentario para instalar la Constituyente de Maduro la cual ya está dando- como se advirtió- la constancia práctica de actuar como otro brazo ejecutor de los deseos del Ejecutivo al que solo faltaba el Legislativo para hacerse, de nuevo, con todos los poderes del país.