El director de Ernest & Celéstine ha construido tres historias de animación protagonizadas por animales repletas de humor y de ternuraEn su ópera prima, la premiadísima Ernest & Celéstine, tanto Benjamin Renner como sus compañeros en la dirección de la misma, Stéphane Aubier y Vincent Patar, hicieron un esfuerzo consciente para aproximar su estilo a la delicada manera de mezclar el lápiz y las acuarelas de la autora de los álbumes que allí adaptaban, Gabrielle Vincent.
Algo queda, sin embargo, de esa limpieza de líneas, y sobre todo de esa manera de utilizar las acuarelas, en el segundo largometraje de Renner –que en esta ocasión dirige a cuatro manos con Patrick Imbert–, El malvado zorro feroz, en el cual, al adaptar un cómic propio, ha podido desarrollar su propio estilo de dibujo, más reminiscente del que utilizaba Jean-Jacques Sempé en la serie de libros El pequeño Nicolás que de las ilustraciones de Vincent.
La obra original estaba conformada por pequeñas viñetas cómicas que desarrollaban gags breves, normalmente de una página, con una cierta continuidad entre ellos. Así que Renner, mano a mano con el guionista de cómics Jean Regnaud, ha reforzado los arcos narrativos más claros hasta quedarse con las tres historias que engloba el largometraje –de ahí su título original, Le Grand Méchant Renard et autres contes–…
Que, aun así, está conectadas entre sí de forma muy leve, básicamente a través de la integración de una serie de espacios y de personajes compartidos –por no hablar, claro está, del tono entre cómico y sentimental que las caracteriza a todas– que dotan de unidad al conjunto. Lo que no sólo no perjudica a la película, sino que incluso la beneficia, y mucho, porque la dota de una sensación de frescura y de un dinamismo que se echa de menos en una animación contemporánea que, en demasiadas ocasiones, peca de rigidez estructural.
Ahí reside, de hecho, la mayor virtud de El malvado zorro feroz: en esa sensación de espontaneidad, de desenfado, que impregna todo su metraje –y que conecta tan bien con los más pequeños de la casa, pues se reconocen en ella–. A lo que contribuye, sin lugar a dudas, el talento que Renner e Imbert demuestran para construir gags –atención a su talento para el chiste visual: la expresividad de los dibujos del director logran que un simple gesto pueda resultar cómico– que surgen de forma natural de la propia línea argumental de cada una de las tres historias, y que, lo que todavía es más importante, ayudan a definir el carácter y las relaciones entre sus (peculiares) protagonistas.
Pero lo que hace más memorable el largometraje, sin embargo, es la capacidad del guión de Renner y Regnaud para apelar a la ternura, desarrollando, sobre todo en los dos primeros episodios, tiernas historias de amor de cariz paternofilial –en especial la que da título al largometraje, y que habla con ironía, no exenta de cariño, de la transformación personal que conlleva la ma(pa)ternidad–.
En ellas, además de defender la importancia de ser fiel a uno mismo, y a las propias creencias, por encima de las presiones sociales, también se reivindica la imaginación y la capacidad de soñar como forma fundamental de (re)interpretar el mundo adulto.
Ficha Técnica
Título original: Le Grand Méchant Renard et autres contes
Año: 2017
Países: Francia, Bélgica
Género: Animación
Directores: Benjamin Renner, Patrick Imbert
Voces originales: Céline Ronté, Boris Rehlinger, Guillaume Bouchède, Guillaume Darnault, Damien Witecka, Antoine Schoumsky