Cada vez está más cerca el sueño del Papa Francisco de abolir la pena de muerte¡Cerca de mil líderes de gran cantidad de denominaciones religiosas de Estados Unidos hicieron una declaración conjunta para instar al presidente Donald Trump y al fiscal general William Barr a detener las ejecuciones programadas para julio y agosto de este año en el Complejo Correccional Federal en Terre Haute, Indiana.
La declaración conjunta del 7 de julio insiste señala que mientras el país lidia con la pandemia del coronavirus (con más de tres millones de infectados y 132,000 muertes), una crisis económica que hace palidecer de la Gran Depresión de 1929 “y un racismo sistémico en el sistema legal penal, debemos centrarnos en proteger y preservar la vida, no en llevar a cabo ejecuciones”.
El corredor de la muerte
En el llamado “corredor de la muerte”, es decir, aquellos que se encuentran ya sentenciados en firme a morir por los crímenes cometidos, son: Daniel Lee, el 13 de julio; Wesley Purkey el 15 de julio; Dustin Honken el 17 de julio; y Keith Nelson el 28 de agosto.
Ciertamente, no son crímenes fáciles de olvidar y que no merezcan algún castigo: los hombres fueron condenados por matar a niños en crímenes separados. Pero, como ha dicho en repetidas ocasiones el Papa Francisco: “ningún mal resuelve otro mal”. Aplicándolo a estos casos, ninguna muerte resolverá otra muerte.
Entre los líderes católicos que firmaron la declaración estuvieron: el arzobispo Joseph E. Kurtz de Louisville, Kentucky; el obispo William F. Medley de Owensboro, Kentucky; el obispo emérito Richard E. Pates de Des Moines, Iowa, quien es administrador apostólico de la Diócesis de Joliet, Illinois; el obispo Oscar A. Solís de Salt Lake City; el obispo Thomas R. Zinkula de Davenport, Iowa; y el padre jesuita Gregory Boyle.
Este último es el director de una iniciativa muy conocida, las Homeboy Industries. Se trata de una organización con sede en Los Ángeles que brinda capacitación y apoyo a hombres y mujeres anteriormente involucrados en pandillas y previamente encarcelados, tanto para su reinserción social como para que la sociedad los acepte nuevamente.
Además de los líderes católicos, muchos otros líderes de iglesias episcopales y de otras organizaciones religiosas de Estados Unidos se han unido a la exigencia de que el gobierno restablezca la pena de muerte en delitos del orden federal, aunque usen, como dijo el fiscal Barr, una sola droga en lugar de un protocolo de tres drogas llevado a cabo en las ejecuciones federales más recientes y por varios estados.
Iniciativa católica
La movilización fue lanzada por la Red Católica de Movilización, buscando que en Estados Unidos se acate la petición del Papa Francisco de abolir la pena de muerte. En algunos sitios de la Unión Americana se ha propuesto cambiarla por otro tipo de castigo (por ejemplo, cadena perpetua sin posibilidad de libertad del sentenciado).
Krisanne Vaillancourt Murphy, directora ejecutiva de la Red Católica de Movilización dijo que la defensa de los católicos, “establece un poderoso ejemplo de lo que significa ser intransigente en la defensa de la dignidad humana y la santidad de la vida”
Por su parte, Carlos Malave, director ejecutivo de Iglesias Cristianas Juntas, quien se encontraba entre los firmantes, dijo: “Como evangélico, estoy desconsolado al ver que nuestro país vuelve a matar a sus ciudadanos. Hemos visto tanta muerte en los últimos meses y la gente está sufriendo. Reiniciar las ejecuciones durante una pandemia debería ser lo más alejado de nuestras mentes”.
La Iglesia católica, aseguró el obispo emérito de Des Moines, Richard Pates, “cree que el castigo justo y necesario nunca debe excluir la dimensión de la esperanza y el objetivo de la rehabilitación. Las ejecuciones solo perpetúan un sistema profundamente defectuoso y quebrantado, que es contrario al llamado del Evangelio a honrar la dignidad de toda vida humana”.
El Papa ha dicho que “el objetivo de la abolición de la pena de muerte a nivel mundial representa una valiente afirmación del principio de la dignidad de la persona humana y de la convicción de que el género humano pueda afrontar el crimen, como también rechazar el mal, ofreciendo al condenado la posibilidad y el tiempo para reparar el daño cometido, pensar sobre su acción y poder así cambiar de vida, al menos interiormente”.
Con información de RNS