La Virgen del Cisne. He aquí una de las advocaciones marianas más famosas de Ecuador y Sudamérica, con una fuerte veneración por lo general en cada mes de agosto y con gran arraigo en la localidad de Loja.
Popularmente es conocida también como “La Churona” o “Churonita” debido a sus cabellos rizados. Esta imagen cautiva a todo tipo de personas, entre ellas extranjeros, provenientes de países como Perú, Colombia, además de peregrinos de otros continentes como Europa, principalmente en tiempos sin pandemia.
Es que en tiempos normales la Virgen del Cisne genera mucha devoción, peregrinaciones, largas caminatas, celebraciones religiosas y al mismo tiempo un fuerte movimiento social en diversos puntos del país. No obstante, durante el tiempo que nada de esto pudo acontecer como era esperado, también supo llegar a sus hijos con bendiciones desde el aire, tal cual hemos contando en Aleteia.
La devoción, amor y agradecimiento que despierta la Virgen del Cisne también se ha traducido en gestos concretos en medio de las dificultades de la pandemia.
En ese sentido, tal cual informó la Iglesia de Ecuador en su web, el obispo de la diócesis de Loja, monseñor Walter Heras, le hizo un regalo especial.
Se trata de una flor de plata, un símbolo de gratitud de los hijos hacia la “Buena Madre”, como también se le dijo, quien intercede por el fin de la pandemia
El nombre de esta advocación se debe gracias a la denominada «Orden de los Caballeros del Cisne», con origen en Europa, que solía construir iglesias en las cimas de las montañas en honor a la Virgen. Tutelados por los franciscanos, estos sacerdotes estuvieron vinculados a la fundación de Loja.
Se trata de una devoción con cuatro siglos de historia y las versiones en cuanto a su origen son variadas, indica en su sitio web la propia Basílica de El Cisne.
Una de ellas tiene que ver con una aparición de la Virgen luego de una hambruna que asolaba a la región debido a una intensa sequía cuando sus habitantes habían decidido abandonar el lugar. Debido a esto, la versión indica que la Virgen pidió que se quedaran en el lugar y que su deseo era que allí se construyera una iglesia.
Con el correr de los años la devoción fue aumentando, los indígenas levantaron un santuario en el lugar y recién en 1934 fue el construido el que se mantiene hasta estos días. Incluso, un decreto del año 1826 a manos de Simón Bolívar permitió establecer una visita de la Virgen a la ciudad de Loja, además de una feria anual para su veneración.
Es por todo esto que esta imagen seguirá cautivando los corazones de los ecuatorianos, una tradición de muchos años y también polo de atracción para muchos otros que vienen de lejos, siendo la caminata de más de 70 kilómetros durante tres días una de las peregrinaciones más famosas de la región.