Hace unos días recibí un meme de lo más simpático. Recuerdo que decía: “¿Dónde estarías hoy de haber seguido tus sueños?”.
Me hizo reflexionar en mi vida, en lo que hago con ella y en lo que me gustaría hacer con el tiempo que Dios me permita vivir.
Llevo una vida muy sencilla. Temprano me levanto. Lo primero al abrir los ojos es agradecer a Dios maravillado por el don de la vida, un día más. Con lo que se vive en el mundo, comprendes el tesoro que es la vida.
Conozco personas que han partido por el coronavirus, algunos jóvenes. Alguien comentó que el mayor éxito de este año es estar vivos. Y le creo.
La vida es un don extraordinario que hay que cuidar, con el que podemos hacer muchas cosas. Para mí, la más importante es hacer la santa voluntad de Dios: “Amar. Perdonar. Ayudar al prójimo”.
Pero no siempre lo hago, esa es la verdad, no siempre hago lo que debiera. Ya san Pablo hablaba de ello:
“No entiendo mis propios actos: no hago lo que quiero y hago las cosas que detesto.” (Romanos 7)
¿Qué es tener éxito?
Luego del desayuno me siento a escribir, así paso la mañana hasta el mediodía. Continúo en la tarde. Son las 7 de la noche y sigo escribiendo.
En un rato tomaré un delicioso café con mi esposa Vida, acompañado de unos panecillos calientes y mermelada de naranja.
La vida sencilla es la mejor. No necesitas tantas cosas y te sientes a gusto.
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Hace unos días me preguntaron en qué consistía el éxito. Respondí lo que me han enseñado los años: “Ser exitoso es ser feliz”.
Me siento a pensar qué haría con mi vida si tuviese otro camino. La verdad, habría confiado más en Dios. Esto habría hecho una enorme diferencia en mi vida. Y haría lo mismo que hago hoy, escribir. Me apasiona escribir, me encanta compartir contigo el tesoro de nuestra fe.
Sobre todo, me gusta mucho hablar de Jesús, VIVO, prisionero de amor en el sagrario.
¿Tu vida no es como esperabas? Necesitas tener un propósito. Haz un alto, reza, confía en Dios y sigue el camino que Él trazo para ti. Aunque no lo comprendas, siempre será lo mejor para ti.
¡Ánimo! ¡Dios te bendiga!